Ruins of sugar. Sugar in ruins

Hace 10 años la vida en este batey cercano a Ranchuelo (Villa Clara, Cuba) era diferente, similar a como había sido desde inicios del siglo XX: un hervidero de personas, animales y camiones entrando, saliendo, rodeando el central azucarero, bautizado “10 de Octubre”, a partir de 1970.
La vida cambia. El central ya no existe. Algunos de los pocos “locales” que quedan han sido aprovechados como viviendas. Readaptados. O abandonados. O destruidos. 

Las personas también han debido adaptarse: trabajar en la agricultura regional y/o estudiar en un curso nocturno para mayores de 17 años, sin límite de edad, que deseen obtener el nivel medio escolar. Irse es otra opción, aunque aquellos que nacieron oyendo el pitido del central, como sus padres, no tengan la menor idea de qué hacer después.
Fueron sólo los niños los que asistieron al acto de inicio de ese curso escolar para adultos. Tal vez para que hubiera alguien… como si así de fácil se llenaran los vacíos que ciertas personas se empeñan en catalogar de “existenciales”. 

La vida sigue. La vida pasa.

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